Un gozo que dura

(4 min)

La verdadera alegría que conduce a la alabanza

Reflexionando sobre el gozo a través de los Salmos

Todos queremos ser felices. Pero la felicidad, para muchos, resulta impredecible. Sube y baja según nuestras circunstancias, cómo van las cosas, o si la vida parece salir como esperábamos. El gozo, sin embargo—es algo más profundo. Y los Salmos hablan de ello a menudo. Pero no como una subidón emocional constante ni como una negación de dificultad. De hecho, el gozo en los Salmos a menudo aparece en medio de la lucha, no después de ella.

Para empezar, el Salmo 16 ofrece una señal de este tipo de alegría que no es simplemente resultado de circunstancias favorables, sino una elección basada en la fe y la confianza en el carácter de Dios. El autor describe su confianza en Dios, incluso en la incertidumbre, y termina con esta estrofa impactante:

“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.” (Salmo 16:11)

Esto no es positividad superficial. Es una alegría que surge de la relación: una profunda conciencia de la cercanía de Dios. El escritor no está diciendo: “todo es perfecto.” En cambio, dice: “No estoy solo, y ahí es donde empieza el gozo.” Enfatiza que solo en presencia del Todopoderoso “hay plenitud de gozo”. A lo largo de los Salmos, esta idea aparece una y otra vez. En el Salmo 4, leemos:

“Tú diste alegría a mi corazón. Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto.” (Salmo 4:7)

Esta es una alegría que no está ligada al éxito material ni a la abundancia. Es algo interno, algo espiritual. Es el tipo de alegría que permanece incluso cuando las cosas exteriores son inciertas. Supera los placeres temporales de este mundo.

Además, en el Salmo 30, la alegría se describe como algo que sigue al dolor —no en negación de él, sino como algo que crece a través de él:

“Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría.” (Salmo 30:5)

Este versículo no minimiza el dolor—lo reconocen. Pero también apunta a la esperanza de que la pena no es el final de la historia. El gozo, la verdadera alegría, puede volver. Incluso en tiempos difíciles, los Salmos hablan de una alegría que no se puede robar. El Salmo 94 lo expresa así:

“Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría.” (Salmo 94:19)

Aquí, la alegría no llega después de la ansiedad, sino en medio de ella. El salmista no ignora sus miedos: encuentra alegría en el consuelo de la presencia de Dios justo en medio de ellos. Este tipo de alegría no depende de evitar el dolor ni de perfeccionar tu vida. Viene de algo más profundo: la tranquila seguridad de que no estamos solos, y el mensaje repetido de que somos profundamente conocidos y amados por el Dios del universo.

Para cualquiera que busque algo real y duradero, los Salmos ofrecen una verdad silenciosa pero poderosa: la alegría no trata de escapar, sino de conectar con Dios. No se trata de no sentirse

nunca mal—se trata de tener una fuente de vida que se mantenga estable cuando todo lo demás cambia. La invitación es sencilla: buscar ese tipo de alegría que no se desvanece cuando cambian las circunstancias. El gozo al que los Salmos señalan como disponible para cualquiera—empieza por ser conocido por Aquel que lo otorga.

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